El primer ateo


El hecho ocurrió en el patio de recreos de la escuela Roque Sáenz Peña. Se había formado una ronda de guardapolvos blancos, con los mismos de siempre, encabezada por el Turco Mussi que les revelaba un secreto a sus compañeros:
–Los reyes magos no existen –decía con voz firme; los demás escuchaban profundamente admirados–. Los reyes magos son los padres… ¿O acaso no lo saben? Papá Noel, tampoco… Son todos inventos. Un primo mío me lo contó… Y no pienso hacer la comunión porque Dios tampoco existe… y menos, Jesús.
Un ángel de la tercera esfera, que se había filtrado en la ronda tomando el cuerpo de uno de los alumnos de primero inferior, escuchaba la apostasía de Mussi mientras mordía con paciencia una manzana. Esperó que el pequeño terminara con su discurso y luego resolvió castigarlo con la silenciosa enfermedad de los piojos.